• 6 de junio de 2017
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Mi corazón encontró al fin un hogar

Tes­ti­mo­nio de nues­tra amiga Sophia, de Broo­klyn, Esta­dos Unidos

Mayo 2016 : Nacida y criada en el ateísmo, no me daba cuenta que la vida espi­ri­tual me hacía falta. Soy cons­ciente que algo me falta. Un dia de pri­ma­vera, llevo una vecina que había que­dado viuda hace poco tiempo a la misa al lado de mi casa. Ella me enseña a hacer y a rezar el rosa­rio. Me pre­senta a Nata­lia que forma parte de Puntos Cora­zón y que parece muy feliz, siendo que me cuenta que pasa sus dias sir­viendo a las per­so­nas solas, humil­des y pobres.

Octu­bre 2016 : Hna Katie me pide orga­ni­zar un taller para con­fec­cio­nar rosa­rios. Siento curio­si­dad pues es la pri­mera reli­giosa que encuen­tro en mi vida. Nos encon­tra­mos en un hogar para gente de la calle. Des­pués del taller, Hna Katie comienza a cantar « Ama­zing grace » con su clara voz de soprano. Las muje­res cantan con ella, y algu­nas con gran entu­siasmo. Vol­viendo a casa, me doy cuenta que me gustó cantar. Siento que mi cora­zón se dilata poco a poco.

Vuelvo otras veces para cantar en el hogar para gente de la calle. Les ser­vi­mos cafe ins­tan­tá­neo, can­ta­mos, Hna Katie lee el evan­ge­lio del domingo siguiente y hace una breve medi­ta­ción. Algu­nas levan­tan la mano para inte­rrum­pir­la : « Her­mana, her­mana, ¿por qué Dios per­mite el mal en el mundo ? ¿Cómo puede ser que haya bebés que mueran de cáncer siendo que no tienen culpa ? Her­mana, ¿cuál es el tra­bajo del Espí­ritu Santo? La her­mana res­ponde con pacien­cia y con mucha fe. Semana tras semana, veo el rostro de Dios en estas muje­res que no tienen ningun lugar que puedan llamar casa. Mirán­do­las mez­clar los sobre­ci­tos de azúcar en sus tazas de café, comienzo a apre­ciar cada vez más estos momen­tos de dul­zura de cada semana.

Vigi­lia Pas­cual 2017 : en esta « noche en que son ven­ci­das las tinie­blas », entro en la Igle­sia Cató­li­ca : bau­tismo, pri­mera comu­nión, con­fir­ma­ción, ¡todo en una noche ! La semana siguiente, cele­bra­mos el acon­te­ci­miento en la casa de Puntos Cora­zón con algu­nos amigos. ¡Mi cora­zón encon­tró al fin un hogar !


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