• 18 de abril de 2012
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Una misión en Burdeos, Francia

Hna. Clara, misión 2012

El sabado 24 de marzo nos pusi­mos en camino con Her­mana Clara par vivir 10 días de tes­ti­mo­nios en Bur­deos(suroeste de Fran­cia).

Difun­dir es ver­da­de­ra­mente vivir nues­tro carisma de com­pa­sión y de con­so­la­ción. Si lo hemos expe­ri­men­tado durante las dife­ren­tes pre­sen­ta­cio­nes, viendo como Puntos Cora­zón puede sus­ci­tar como una vida nueva, una chispa, lo hemos visto tam­bién frente a la sole­dad de M. una chica que nos acoge en su pequeno depar­ta­mento uni­ver­si­ta­rio. Aho­gada en sus estu­dios, que no cesa de alar­gar, ter­mina diciendo :« Final­mente, yo no sé bien adonde voy » ; o con este grupo de último año de secun­da­ria, com­puesto de una dezena de jóve­nes en quie­nes la dese­s­pe­ranza nos impre­siona : « Es impo­si­ble de vivir lo que uste­des dicen, el mundo en el que vivi­mos es dema­siado egoista ».

Fuimos mar­ca­das durante esta misión por la gran aten­ción de los jóve­nes, por su res­peto, por sus pre­gun­tas y por su con­cien­cia de la nece­si­dad de la amis­tad, de una pre­sen­cia en sus vidas. A la pre­gunta « Para uste­des, cual es actual­mente el mayor sufri­miento de nues­tros paises ? », muchos res­pon­die­ron que era la sole­dad. Algu­nos expre­sa­ron un deseo de un com­pro­miso con­creto : « Yo qui­siera hacer visi­tas en un geriá­trico, pero no es facil de ir sola ». Una joven scout remarca : « Yo me doy cuenta de que en mi vida el gran com­bate es de encon­trar tiempo para mis amigos, porque yo estoy siem­pre corriendo. Hay muchas cosas para hacer pero una lla­mada o una visita hace tanto bien ».

Otros ins­tan­tes de gracia : en medio de un encuen­tro en el que pocos jóve­nes esta­ban pre­sen­tes, al final de una jor­nada muy can­sa­dora, un scout nos cuenta su mejor recuerdo de un cam­pa­mento : un ama­ne­cer con fondo naranja cuando aca­baba de veri­fi­car que sus jóve­nes scouts esta­ban bien secos. Otro día, algu­nos jóve­nes del secun­da­rio nos com­par­tie­ron, con mucha sim­pleza y pro­fun­di­dad, su viven­cia en el monas­te­rio de Taizé y la expe­rien­cia de la belleza del encuen­tro y de la comu­nión que habian echo en ese lugar.

Hna. Aurelie

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