• 12 de junio de 2012
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Un magnifico retablo de Arcabas en la campiña ginebrina

Retablo «la Resurección» ©Arcabas, Suiza

Este domingo de Pascua 2012 ter­minó de manera majes­tuosa para nues­tra pequeña comu­ni­dad del Punto Cora­zón de Gine­bra. Dos amigos muy cer­ca­nos nos han hecho des­cu­brir una mag­ni­fico reta­blo sobre la Resu­rrec­ción pin­tado por el artista con­tem­po­rá­neo Arca­bas que adorna el altar de la bella Igle­sia de Collex-Bossy en Suiza, que está a 20 minu­tos del centro de la ciudad de Gine­bra.

El pintor Arca­bas (alias Jean-Marie Pirot nacido en 1926) no le gusta comen­tar sobre sus obras enton­ces yo no me per­mito hacerlo pero aquí algu­nos puntos que me gus­ta­ría com­par­tir­les invi­tando a cada uno a medi­tar en silen­cio al pie de esta obra.

En el momento de su ins­ta­la­ción en la capi­lla, el pintor invitó a cada uno a comen­zar la con­tem­pla­ción empe­zando por el lado izquierdo donde él hace memo­ria del mis­te­rio de la Encar­na­ción, el Verbo de Dios vino al mundo con la misión de sal­var­nos. Encon­tra­mos el con­traste y a la vez la pro­xi­mi­dad entre el mundo del mal debido a nues­tro pecado y la pre­sen­cia de Cristo que ilu­mina nues­tra vida, por encima Cristo muerto por noso­tros, repo­sando entre los brazos de Su madre. Des­pués en el centro del reta­blo, con­tem­pla­mos la Per­sona de Cristo resu­ci­tado. Él avanza hacia noso­tros, Su pie parece salir del cuadro como para alcan­zar­nos a cada uno en nues­tra inti­mi­dad la más pro­funda. Ter­mi­na­mos por la ter­cera parte del reta­blo con Cristo bajo la forma del Cor­dero rodeado de los cuatro vivien­tes. Es el Cor­dero del Apo­ca­lip­sis, el cor­dero pas­cual entre­gado para la mul­ti­tud y del cual la sangre derra­mada es la sangre de la Nueva Alianza.

Por medio de las tres partes del reta­blo reco­rre­mos la his­to­ria de la Sal­va­ción que comienza por la encar­na­ción, la muerte, la resu­rrec­ción, la gloria de Cristo que con­ti­nua a mani­fes­tarse en el mundo por los siglos de los siglos. El pintor las ha unido en una línea hori­zon­tal. El plan de sal­va­ción de Dios con­ti­nua a rea­li­zarse en nues­tro mundo y a dar sen­tido a nues­tras vidas aún cuando la cruz per­ma­nece pre­sente. Con Él, nues­tras cruces ofre­ci­das par­ti­ci­pan de una manera mis­te­riosa a la obra de la Reden­ción.

Ter­mi­na­mos uniendo nues­tras voces a la de los ánge­les en el cielo: “Al que está sen­tado en el trono, y al Cor­dero, la ala­banza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos”

Hna. María-Magdalena

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