A la ocasión de la publicación del libro de Padre Thierry de Roucy intitulado « Noël, Le Mystère » (Navidad, El Misterio), les proponemos la lectura de su introducción : "El tren de navidad" :
"Estaban de moda, poco tiempo atrás, las publicaciones de Cuadernos de Viaje. Un texto donde uno contaba sus periplos, entregando su diario escrito a mano sobre acuarelas de los lugares visitados, de los acontecimientos vividos. Una obra en que la imagen viene en auxilio del texto, lo que vemos en auxilio de lo narrado. Como para mejor transportarnos.
Aun cuando Navidad es Belén, es un pesebre, es un burro y un buey que se pueden dibujar y pintar, son ángeles que empiezan a cantar, Navidad también es más que un lugar, más que un hecho, más que una sinfonía. Es un viaje, pero del que no se regresa, es una puesta en órbita hacia el Misterio infinito, una experiencia por siempre incipiente, una promesa que se realiza en la manifestación de un rostro.
El poeta (el teólogo) como el pintor, el compositor como el escultor están sobrepasados por la simple palabra Navidad. Uno puede balbucir tres palabras y el otro disponer una panoplia de colores, el tercero hacer brotar del silencio secreto una nube de notas, y el cuarto suscitar algunas formas desde un magma gigantesco. Pero frente a su obra, permanece eternamente decepcionado. Este “por debajo de”, es parte de la desproporción que ha de asumir y que, en sí, no está sin transparentar algo de los que él quiere revelar.
Para evitar un desastre demasiado grande, brillos de colores, esbozos de movimientos, impulsos de formas acuden en ayuda de las palabras balbuceadas – las del simple cristiano y las de los testigos. Lo escrito tiende una mano al color, el occidente al oriente, la razón a la imaginación. Y eso, en una pincelada que nos transporta a la otra orilla, que nos proyecta en unos pozos de luz y de noche, de ternura y de violencia, en un embrollo de realidades humanas y divinas en el cual el arte mismo está abolido. Navidad llega a ser una paleta de colores en movimiento, una sinfonía de gestos hábiles e impetuosos, una luz que aterriza sobre la tierra. El color penetra el lienzo como lo divino la tierra. El oro se mezcla con el ocre, el blanco con el carmín, la púrpura con el gris.
En cuanto al libro de por sí, no sueña más que en desaparecer en los cementerios de las obras de ayer y de mañana. Las palabras que lo componen, en borrarse ante el Verbo. Los colores ante la Luz infinita que une, en un ramo, la gama de todos los tintes. El Verbo, la Luz, Dios…
Este libro es entonces de alguna manera un auténtico Cuaderno de viaje. Es una invitación a treparnos a último momento en el tren cuyas puertas se abren ante nosotros. No es el tren que rueda hacia Dachau o hacia los Gulags, aun cuando puede ser que, de vez en cuando, pare en estos lugares temidos, es un tren que lleva al descubrimiento de una Presencia cuyo nombre es tan suave que nuestros labios a las justas lo pueden pronunciar… De una Presencia ofrecida a todos nuestros corazones, sedientos de misericordia. Es un tren único, sin retorno. Un tren único para cada uno. Es el tren de Navidad… "
