• 30 décembre 2011
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Noël, le Mystère

Couverture du livre « Noël, le Mystère »

A la oca­sión de la publi­ca­ción del libro de Padre Thierry de Roucy inti­tu­lado « Noël, Le Mystère » (Navidad, El Misterio), les pro­po­ne­mos la lec­tura de su intro­duc­ción : "El tren de navi­dad" :

"Estaban de moda, poco tiempo atrás, las publi­ca­cio­nes de Cuadernos de Viaje. Un texto donde uno contaba sus peri­plos, entre­gando su diario escrito a mano sobre acua­re­las de los luga­res visi­ta­dos, de los aconte­ci­mien­tos vivi­dos. Una obra en que la imagen viene en auxi­lio del texto, lo que vemos en auxi­lio de lo nar­rado. Como para mejor trans­por­tar­nos.

Aun cuando Navidad es Belén, es un pese­bre, es un burro y un buey que se pueden dibu­jar y pintar, son ángeles que empie­zan a cantar, Navidad tam­bién es más que un lugar, más que un hecho, más que una sin­fonía. Es un viaje, pero del que no se regresa, es una puesta en órbita hacia el Misterio infi­nito, una expe­rien­cia por siem­pre inci­piente, una pro­mesa que se rea­liza en la mani­fes­ta­ción de un rostro.

El poeta (el teó­logo) como el pintor, el com­po­si­tor como el escultor están sobre­pa­sa­dos por la simple pala­bra Navidad. Uno puede bal­bu­cir tres pala­bras y el otro dis­po­ner una pano­plia de colo­res, el ter­cero hacer brotar del silen­cio secreto una nube de notas, y el cuarto sus­ci­tar algu­nas formas desde un magma gigan­tesco. Pero frente a su obra, per­ma­nece eter­na­mente decep­cio­nado. Este “por debajo de”, es parte de la des­pro­por­ción que ha de asumir y que, en sí, no está sin trans­pa­ren­tar algo de los que él quiere reve­lar.

Para evitar un desas­tre dema­siado grande, brillos de colo­res, esbo­zos de movi­mien­tos, impul­sos de formas acuden en ayuda de las pala­bras bal­bu­cea­das – las del simple cris­tiano y las de los tes­ti­gos. Lo escrito tiende una mano al color, el occi­dente al oriente, la razón a la ima­gi­na­ción. Y eso, en una pin­ce­lada que nos trans­porta a la otra orilla, que nos proyecta en unos pozos de luz y de noche, de ter­nura y de vio­len­cia, en un embrollo de rea­li­da­des huma­nas y divi­nas en el cual el arte mismo está abo­lido. Navidad llega a ser una paleta de colo­res en movi­miento, una sin­fonía de gestos hábi­les e impe­tuo­sos, una luz que ater­riza sobre la tierra. El color pene­tra el lienzo como lo divino la tierra. El oro se mezcla con el ocre, el blanco con el carmín, la púr­pura con el gris.

En cuanto al libro de por sí, no sueña más que en desa­pa­re­cer en los cemen­te­rios de las obras de ayer y de mañana. Las pala­bras que lo com­po­nen, en bor­rarse ante el Verbo. Los colo­res ante la Luz infi­nita que une, en un ramo, la gama de todos los tintes. El Verbo, la Luz, Dios…

Este libro es enton­ces de alguna manera un autén­tico Cuaderno de viaje. Es una invi­ta­ción a tre­par­nos a último momento en el tren cuyas puer­tas se abren ante noso­tros. No es el tren que rueda hacia Dachau o hacia los Gulags, aun cuando puede ser que, de vez en cuando, pare en estos luga­res temi­dos, es un tren que lleva al des­cu­bri­miento de una Presencia cuyo nombre es tan suave que nues­tros labios a las justas lo pueden pro­nun­ciar… De una Presencia ofre­cida a todos nues­tros cora­zo­nes, sedien­tos de mise­ri­cor­dia. Es un tren único, sin retorno. Un tren único para cada uno. Es el tren de Navidad… "

Père Thierry de Roucy

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