• 13 de junio de 2017
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La Fazenda do Natal

Extracto de la carta de Hna Mila­gros en misión en la Fazenda do Natal (Bahia-Brasil):

Este lugar es muy que­rido para mí y siem­pre sentí un gran apego. La sim­pli­ci­dad de la vida coti­diana y la vida de ora­ción sus­ci­ta­ron en mí un gran deseo de querer per­ma­ne­cer aquí, qué decir de las amis­ta­des que encon­tré y las his­to­rias que conocí.

Este año cele­bra­mos los 25 años de exis­ten­cia de nues­tra que­rida Fazenda, este lugar fue fun­dado con la intui­ción de ser en primer lugar, un lugar de ora­ción, como en el seno de la Sagrada Fami­lia en Naza­reth, donde el centro de nues­tra aten­ción es ese Niño que acaba de venir al mundo. Aquí cada alma se encuen­tra con Dios y se abre a él.
En segundo lugar, que vale como el pri­mero, es un lugar de “re­na­ci­miento”. No sólo para noso­tros los con­sa­gra­dos o volun­ta­rios, sino para muchos de nues­tros amigos de los dife­ren­tes barrios o pue­blos que cono­ce­mos. Esta vida de sim­pli­ci­dad, escon­dida muchas veces, donde apa­renta que no hace­mos nada o que hace­mos siem­pre lo mismo, nos ayuda a una edu­ca­ción más pro­funda del ser, nos ayuda a tener una acti­tud justa ante la vida, ante el sen­tido de la vida, tra­baja mucho la espe­ranza, la fide­li­dad a través de las peque­ñas cosas y la gra­tui­dad. Ima­gino a la Sagrada Fami­lia, la Virgen debió pasar la escoba muchas veces en su casa de Naza­ret, o coci­nar cada día para José y Jesús, o lavar sus ropas…

A lo largo de estos años muchos pasa­ron por la Fazenda, muchos de nues­tros amigos de los dife­ren­tes barrios vinie­ron a vivir con noso­tros, algu­nos esca­pando de la deses­pe­ra­ción, otros atraí­dos con la espe­ranza de querer vivir algo dife­rente, otros por la simple amis­tad que un amigo de los niños les sus­ci­taba en el cora­zón. Las edades de los dife­ren­tes ‘mora­do­res’ (habi­tan­tes) son varia­das; niños entre 3 ó 5 años, ado­les­cen­tes, jóve­nes, madres con sus hijos, fami­lias con niños recién naci­dos, abue­los, en fin.

Hace poco tiempo orga­ni­za­mos un reen­cuen­tro con los ‘ex-mora­do­res’ de la Fazenda, vinie­ron unos 30, pero el número de ex-mora­do­res es mayor. Con los que vinie­ron com­par­ti­mos un deli­cioso almuerzo hecho por Doña Lau­rinha y Ruti, y luego ellos com­par­tie­ron espon­tá­nea­mente lo que sig­ni­ficó para ellos vivir en la Fazenda. Aquí les dejo algu­nos tes­ti­mo­nios de muje­res que eran niñas cuando lle­ga­ron a la Fazenda:

Jajai llegó a la Fazenda con su mamá y sus her­ma­nos cuando tenía 7 años, ahora tiene 21 años: “Aquí conocí el amor de Dios, las per­so­nas con las que viví me trans­mi­tie­ron el amor de Dios”.

Fabiola llegó a la Fazenda con su mamá y sus her­ma­nos cuando tenía 9 años, ahora es madre de dos niñas: “Yo soy lo que soy gra­cias a la Fazenda. Yo soy Fabiola gra­cias a la Fazenda, gra­cias a las per­so­nas que vivie­ron con­migo y lo que recibí intento trans­mi­tirlo a mis hijas”.

Brenda llegó a la Fazenda con sus her­ma­nas cuando tenía 6 años: “Aquí aprendí el res­peto”.

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Es pobre lo que les puedo trans­mi­tir, pero es lo que más me con­mo­vió, porque conozco sus his­to­rias y no han sido fáci­les y no siguen siendo fáci­les. Escu­char­los me hizo tomar con­cien­cia de que ‘somos sier­vos inú­ti­les’, como dice Jesús en el Evan­ge­lio. Observo con mucha admi­ra­ción nues­tra pequeña Obra de nada, me con­mueve y me llena de gra­ti­tud saber que durante todos estos años Dios se ha valido de cada lágrima, de cada son­risa y de cada gesto gra­tuito de los Amigos de los niños para hacer Su obra en ellos, en éstos que Dios nos ha con­fiado. Me siento parte de esta “masa”, apenas llego y Dios me hace tes­tigo de un fruto inmenso, ¡qué grande es el don de Dios! Para mí es una gracia poder ser­vile en esta misión.


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