• 6 de agosto de 2010
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Ginebra: Cuando la amistad nace de una vida compartida

La comunidad del Punto Corazón de Ginebra, Septiembre del 2009

Desde agosto del 2009, me reuní con hna Pas­cale y Ana en el Punto-Cora­zón de Gine­bra. Vivi­mos nues­tra misión en el ambiente del tra­bajo, cerca de todos los que encon­tra­mos pero tam­bién con quie­nes vivi­mos. En este momento, tres jóve­nes muje­res com­par­ten nues­tra vida. Una de ellas está aquí en el marco de una pasan­tía "Puntos-Cora­zón ONU".

Muchos de nues­tros amigos llegan a Gine­bra para hacer su carrera en la finanza o para tra­ba­jar en una de las nume­ro­sas ONG inter­na­cio­na­les. Pero con­forme van pasando los meses, hacen la dolo­rosa expe­rien­cia de que el Eldo­rado suizo no es lo que habían ima­gi­nado: no encuen­tran más tra­bajo que unas pasan­tías que nunca desem­bo­can sobre un empleo fijo, no encuen­tran alo­ja­miento si no es a un precio inac­ce­si­ble, están lejos de sus fami­lias, de sus amigos, de sus países...

Nues­tra casa quiere ser para ellos un lugar donde cada uno pueda sen­tirse un poco como en su casa. Una joven que ha pasado 4 meses en el Punto-Cora­zón me con­fiaba, unos días antes de partir: "Gra­cias a uste­des encon­tré una fami­lia, y tam­bién me gustó mucho apro­ve­char de la capi­lla para rezar y volver a la fuente." Les pro­po­ne­mos sim­ple­mente, gra­tui­ta­mente, nues­tra amis­tad, al com­par­tir con ellas la vida coti­diana y algu­nas de nues­tras acti­vi­da­des (cenas cul­tu­ra­les, apos­to­la­dos, etc.). Desea­mos tam­bién ser este oído atento, que las pueda escu­char y acom­pa­ñar en sus pre­gun­tas y dudas. Esta esta­día en el Punto-Cora­zón es para ellas una ver­da­dera invi­ta­ción a acer­carse a Aquel que da sen­tido a nues­tras vidas: Cristo.

El Punto-Cora­zón es tam­bién una escuela de vida. Muchas de las que han vivido aquí guar­dan un lazo fiel con noso­tras. Pienso en una de ellas, que me llamó la semana pasada desde el extran­jero para con­fiarme sus pro­yec­tos y pedir mi opi­nión sobre los ata­ques que recibe la Igle­sia, porque no sabía qué pensar ni donde buscar la verdad. Otra nos decía cuanto su esta­día entre noso­tras le ayuda hoy en las deci­sio­nes que tiene que tomar: "Cuanto más avanzo, más per­cibo todo lo que he reci­bido durante el año que pasé en el Punto-Cora­zón".

"Lo que habéis reci­bido gratis, dadlo gratis." Esta frase resuena en mí desde mi lle­gada aquí. Tengo que vivir de esta buena noti­cia y comu­ni­carla a las que el Señor me confía.

Hna María Magdalena

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