• 2 de octubre de 2012
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Francia: Mauricette

Qui­siera con­fiar a sus ora­cio­nes nues­tra amiga Del­fina, una señora asom­brosa que vive sola en Hyeres.

En medio de su enfer­me­dad, Del­fina me hace pensar a un pro­feta de tiem­pos moder­nos y sobre todo a un pro­feta de la Pre­sen­cia y de la Com­pa­sión. Es una mujer muy dis­tin­guida de apa­rien­cia remar­ca­ble a pesar de su andar vaci­lante y de su difi­cul­tad para hablar.
Cuando Del­fina se acerca a una de noso­tras al final de la misa, surge de ella como un grito: "¿ Podrían pasar a verme esta tarde? ¡estoy pasando por una crisis reli­giosa!" Su pedido no es para mañana ni para des­pués, siem­pre es «para esta tarde». En efecto, ella se preo­cupa por los titu­beos en cuanto a su fe, que parece esca­pár­sele de las manos. Cuenta: "este verano dejé de ir a misa por ir al mar, ¿que le parece?" o queda per­tur­bada "porque los cató­li­cos son dema­siado fríos".
Es verdad que en cuanto a lo psí­quico hay un poco de con­fu­sión en su mente, y sin embargo, tiene ilu­mi­na­cio­nes del cora­zón bas­tante sor­pren­den­tes. Un día en que fui a visi­tarla me dice: "¿Por­qué venir a perder dos horas con­migo?" Yo le digo que es bueno estar con los amigos, a esto ella me res­ponde con una mirada y una son­risa silen­ciosa y asiente: "es verdad"...."estoy muy sola"..., creo que no atraigo a la gente."...Silen­cio.
Sin embargo es agra­da­ble estar a su lado, reír con ella, hablar de cosas pro­fun­das, des­pués hablar de todo y nada.

Luego ella me explica que con­trató una mucha­cha que la ayuda para poder salir a cami­nar un poco por la ciudad, la cual es tam­bién una com­pa­ñía .Y con­ti­nua dicién­dome : "Sabes, a veces estoy can­sada y no tengo fuer­zas para salir a cami­nar. Pero cuando pienso que ésta mucha­cha está sola para ocu­parse de la edu­ca­ción de su hija enton­ces me decido a ir, no quiero que pierda un día de tra­bajo". Escu­chán­dola me pre­gunto: ¿Quién ayuda a quién?
De repente, se recuerda que la cruz de yeso que ha fabri­cado se ha roto y me pide si yo podría pegarla. Mien­tras me iba con la pequeña cruz, pin­tada y rota, en mi mano me digo a mi misma que es de esa manera, muy sim­ple­mente, que ella me confía su cora­zón para que lo pegue y tam­bién su vida, sus recuer­dos, su fami­lia dise­mi­nada, las aspi­ra­cio­nes que porta y que se entre­cho­can en ella: "Qui­siera hacer algo de mi vida, ayudar a la gente, pero estoy sola..."

hna. Inés

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