• 8 de noviembre de 2013
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En Brasil, un nuevo punto de partida para una familia

Mariana y Douda con Alexiana, Fazenda do Natal, 10 de oct de 2013

Una de las voca­cio­nes de la Fazenda do Natal en Brasil es pro­po­ner a las fami­lias des­fa­vo­re­ci­das un tiempo para cons­truirse, para des­cu­brir una manera de vivir más humana y más digna en el bello lugar que nos ofrece la selva bahiana. En la mayo­ría de los casos, es la mamá que viene con sus hijos porque los padres están a menudo ausen­tes, o son des­co­no­ci­dos.
Hace un año que las her­ma­nas de Madre Teresa nos lla­ma­ron para hablar­nos de F y de sus 6 hijos quien luego de un tiempo tuvo otro bebe que nació pade­ciendo de tri­so­mía 21(sín­drome de Down).

Fue un largo camino reco­rrido de visi­tas recí­pro­cas, de char­las, de encuen­tros, de dudas. Pero final­mente el 24 de sep­tiem­bre fui hasta su barrio y los traje a nues­tro hogar. Baje la calle­juela por donde viven, y a cada paso el dolor aumentó en mi cora­zón: de fondo se escu­chaba música a la moda, había muje­res con poca ropa, bebiendo, jóve­nes con el torso des­nudo sin nada que hacer, que me mira­ban con curio­si­dad. Sin embargo en el medio de este pano­rama están ellas, las chi­qui­tas, que corren hacia mi cuando me ven y me gritan: “Vamos pa’ Fazenda!”.

Des­pués de una hora de camino lle­ga­mos a nues­tra casa. Diana, una de las madres que vive con noso­tros, tenía pre­pa­rado pocho­clo y jugo para aco­ger­los. Al atar­de­cer ins­ta­la­ron sus pocas cosas en sus cuar­tos.
Ahora, hace una semana que están aquí. Los niños se acos­tum­bra­ron rápi­da­mente a nues­tra vida. Las dos más gran­des empe­za­ron de nuevo la escuela el lunes pasado. Su pre­sen­cia es una bella gracia para nues­tra comu­ni­dad porque tienen los ojos mara­vi­lla­dos delante de todo.
Les con­fia­mos a su ora­ción.

Hna. Leti­cia


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