• 4 de mayo de 2015
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El gran río de la misericordia

Cuba, abril 2015

La Igle­­sia siente la urge­n­­cia de anu­n­­ciar la mise­­ri­­co­r­­dia de Dios. Su vida es auté­n­­tica y creí­­ble cuando con con­­vi­c­­ción hace de la mise­­ri­­co­r­­dia su anu­n­­cio. Ella sabe que la pri­­mera tarea, sobre todo en un momento como el nue­s­­tro, lleno de gra­n­­des espe­­ra­n­­zas y fue­r­­tes con­­tra­­di­c­­cio­­nes, es la de intro­­du­­cir a todos en el mis­­te­­rio de la mise­­ri­­co­r­­dia de Dios, con­­te­m­­plando el rostro de Cristo. La Igle­­sia está lla­­mada a ser el primer tes­­tigo veraz de la mise­­ri­­co­r­­dia, pro­­fe­­sá­n­­dola y vivié­n­­dola como el centro de la Reve­­la­­ción de Jesu­­cristo. Desde el cora­­zón de la Tri­­ni­­dad, desde la inti­­mi­­dad más pro­­funda del mis­­te­­rio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la mise­­ri­­co­r­­dia… Es tan inso­n­­da­­ble la pro­­fu­n­­di­­dad del mis­­te­­rio que encie­­rra, tan ina­­go­­ta­­ble la riqueza que de ella pro­­viene.

Papa Fra­n­­cisco, Bula: De Mise­­ri­­co­r­­diae Vultus


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