• 24 de julio de 2013
en es fr

El Salvador : El rostro del Padre

el colegio de San Pedro Perulapán

Hace 7 meses que estoy en El Sal­va­dor donde voy des­cu­briendo poco a poco dife­ren­tes ros­tros de nues­tro pueblo San Pedro Peru­la­pán.
Cada 15 días, Her­mana Petro­nila y yo vamos tem­prano al segundo ciclo de la escuela. Allí nos espe­ran los alum­nos, con los cuales juga­mos y habla­mos durante los recreos de la mañana. Es siem­pre un acon­te­ci­miento. Tene­mos en nues­tras bolsas algu­nos juegos de cartas y otros juegos de mesa. Estos nos pro­por­cio­nan un buen medio para entrar en con­tacto con estos jóve­nes sal­va­do­re­ños: “¿ Madre, tiene el UNO?” ¡Así nos acogen muchas veces! Espon­tá­nea­mente se reúnen 3, 4, 5... Enton­ces comienza una serie de par­ti­das bien ani­ma­das, que es difí­cil inte­rrum­pir antes del timbre del fin del recreo. Poco a poco, otros se juntan al grupo o miran aten­ta­mente el desa­rro­llo. Su entu­siasmo, su sen­ci­llez, su aten­ción cuando les recor­da­mos las reglas, su ale­gría de invi­tar­nos: “¿Va a jugar, Madre?”. Cada vez me dejo sor­pren­der por estos jóve­nes medio ato­lon­dra­dos pero con el cora­zón abierto que se da com­ple­ta­mente en estos momen­tos gra­tui­tos que vivi­mos con ellos.

Esta mañana, algu­nos, des­pués de haber rea­li­zado un árbol genea­ló­gico para el curso de inglés, reci­bían sus notas por este tra­bajo. Una cosa me llamó la aten­ción: en muchos fal­taba la foto del padre o de la madre, emi­grado en los Esta­dos Unidos, ausente desde su naci­miento o con otra pareja. Algu­nos allí habían sus­ti­tuido por una foto cor­tada en un perió­dico. Fue para mí una pequeña ven­tana abierta sobre lo que vive la inmensa mayo­ría de estos ado­les­cen­tes en sus pro­pias fami­lias y, a la vez, una invi­ta­ción a estar más pre­sente a ellos, en la com­pli­ci­dad del juego y de las risas.

«En el cora­zón de cada ser humano, sean jóve­nes o viejos, queda una ansia: el de cono­cer el rostro de un Padre, de per­ma­ne­cer en su cora­zón y de lla­marle “¡Pa­dre!”» [1]

Hna. Fran­cisca


Notas

[1] Extracto del libro De barro y de oro

Volver