• 6 de noviembre de 2013
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Edith Stein y la teoría del género

Joanna, Maja, Hannia y Angie

En un artículo ante­rior, pro­pu­si­mos algu­nas pro­pues­tas de Edith Stein sobre la edu­ca­ción de los niños peque­ños. En su refle­xión, esta mujer judía, filó­sofa, con­ver­tida al cato­li­cismo, trata de muchas cues­tio­nes actua­les y aporta espe­cial­mente unos ele­men­tos de res­puesta a la teoría del género.

“Sólo quien fue cegado por una ardiente pasión por el com­bate puede negar este hecho patente que el cuerpo y el alma de la mujer están for­ma­dos en fun­ción de un fin par­ti­cu­lar. Y la pala­bra lím­pida e irre­fu­ta­ble de la Escri­tura expresa lo que la expe­rien­cia diaria enseña desde el origen del mundo, eso es que la mujer está des­ti­nada a ser la com­pa­ñera del hombre y la madre de los seres huma­nos. Su cuerpo está dotado de las pro­pie­da­des reque­ri­das para este fin, pero su espe­ci­fi­ci­dad psí­quica tam­bién le corres­ponde. El hecho que exista esta espe­ci­fi­ci­dad psí­quica es tam­bién un hecho empí­rico evi­dente; pero eso brota tam­bién del prin­ci­pio anima forma cor­po­ris (el alma es la forma del cuerpo), esta­ble­cido por santo Tomás. Donde los cuer­pos son de natu­ra­leza tan radi­cal­mente dife­rente, debe exis­tir tam­bién nece­sa­ria­mente un tipo de alma dife­rente, a pesar de todos los rasgos comu­nes a la natu­ra­leza humana”. [1]

“Estoy con­ven­cida de que la espe­cie [2]humana se des­pliega en cuanto espe­cie bina­ria, el “hom­bre” y la “mujer”, de que la natu­ra­leza del ser humano al que ningún rasgo carac­te­rís­tico puede faltar en el uno como en el otro se mani­fiesta a través de una forma bina­ria, y que toda su cons­ti­tu­ción esen­cial revela su huella espe­cí­fica. Así, no es sola­mente el cuerpo que está cons­ti­tuido de modo dis­tinto, no son sola­mente las dis­tin­tas fun­cio­nes fisio­ló­gi­cas indi­vi­dua­les que difie­ren, sino que es toda la vida somá­tica que es dis­tinta: otras las rela­cio­nes en el alma y el cuerpo, otras, dentro del psi­quismo, las rela­cio­nes entre el espí­ritu y los sen­ti­dos así como las rela­cio­nes de las facul­ta­des espi­ri­tua­les entre sí. A la espe­cie feme­nina corres­pon­den la unidad y la homo­ge­nei­dad de toda la per­sona somato-psí­quica, el des­plie­gue armo­nioso de las facul­ta­des, mien­tras a la espe­cie mas­cu­lina corres­ponde el desa­rro­llo más intenso de algu­nas facul­ta­des en vista a sus rea­li­za­cio­nes maxi­ma­les.”

Hna. Isabel
Publi­cado en el blog fran­cés Terre de Com­pas­sion


Notas

[1] en una carta del 8 de agosto de 1931: « si el alma es la forma del cuerpo, la diferencia física ha de ser necesariamente el indicio de una diferencia psíquica. La materia está aquí para la forma, y no el contrario. Eso sugiere incluso que la diferencia psíquica es primera. »

[2] Edith Stein emplea el término especie para designar algo fijo, que no puede sufrir variación alguna que fuera ligada a un cambio de las condiciones de vida, es decir por la situación económica y cultural o en la actividad personal.

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