• 29 de septiembre de 2016
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Costa Rica: La caridad nos apremia

Prisila y Camila, Costa Rica, septiembre 2016

Extracto de la carta de Hna Diana, en misión en el Punto Cora­zón de Costa Rica:

Pri­si­lla tiene apenas 21 años y una niña Camila de 4 años. Pri­si­lla vive con su pareja Emer que tiene 25 años y es el papá de la niña.

Ella fue criada por su abue­lita y dice que su mamá es su abuela porque ella le dio todo, de ella apren­dió mucho.

Cuando Puntos Cora­zón llegó al barrio, Analía y Agnés mis her­ma­nas de comu­ni­dad, cono­cie­ron a Pri­si­lla y a su abue­lita por pura pro­vi­den­cia de Dios. Ese día las chicas esta­ban bus­cando otra abue­lita que debían visi­tar y se equi­vo­ca­ron de casa y fueron a gol­pear la puerta de la casa de Pri­si­lla. Desde ese día empezó una amis­tad muy linda y sobre todo porque la abue­lita de Pri­si­lla estaba muy enferma, en sus últi­mas sema­nas de vida. Un mes más tarde de esa pri­mera visita, la abue­lita de Pri­si­lla falle­ció y esto fue extre­ma­mente duro para ella, ya que su abue­lita era su todo.

Desde la muerte de su abue­lita, Pri­si­lla cayó en una depre­sión, en una falta de sen­tido a todo y en una falta de amor hacia ella misma. Recuerdo que la pri­mera vez que fui a visi­tarla, me quedé muy sor­pren­dida de ver la tris­teza que mar­caba su rostro, su casa oscura, y su hija Camila una mirada triste, en un rin­con­cito, llo­rado y gri­tando porque me tenía miedo. ¿Qui­zás era la pri­mera vez que veía a una mon­jita? Ver a Pri­si­lla así, me partía el alma, siendo tan joven y para ella todo se ha con­ver­tido en nada. Ella no enten­día por qué Dios le llevó a la per­sona que más amaba.

Pri­si­lla es una mujer que tiene una fe muy grande, que busca y ama a Dios, es una mujer de ora­ción a pesar de su dolor y de su sufri­miento. Desde que su abue­lita falle­ció la amis­tad con ella ha cre­cido mucho y está haciendo un camino muy lindo donde poco a poco su cora­zón se abre, se deja amar, va des­cu­briendo que la vida con­ti­núa y que hay per­so­nas que la nece­si­tan y que la aman. Desde hace unas sema­nas es muy lindo verla son­reír, antes venía a la misa muy desa­rre­glada, con un rostro mar­cado por la tris­teza, ahora hay algo que suce­dió en ella: cada domingo se arre­gla, está pei­na­dita, hay como un amor por ella misma. Ella es muy cer­cana a noso­tras, muchas veces por la tarde viene a rezar el Rosa­rio y trae a su niña para que juegue con los otros niños.

Ahora el deseo que la habita desde hace tiempo es casarse por Igle­sia con su pareja Emer. El tiene tam­bién este deseo. Hace 4 años que con­vi­ven pero hasta ahora no se han casado. Ellos espe­ran una sola cosa, decir: “Sí, para siem­pre delante de Dios”, pero por ahora Emer deberá pre­pa­rarse para su pri­mera comu­nión y con­fir­ma­ción y Pri­si­lla a la con­fir­ma­ción.


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