• 8 de mayo de 2012
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A la escuela de Maurice Zundel

Grupo Maurice Zundel, Ginebra 2012

El primer vier­nes de cada mes, tengo la ale­gría de acoger en casa a unos diez amigos para pro­fun­di­zar el pen­sa­miento de este gran teó­logo y mís­tico suizo que fue Mau­rice Zundel (1897-1975), un ver­da­dero pro­feta para su época.
La mayo­ría de las per­so­nas que par­ti­ci­pan son mayo­res pero con su entu­siasmo, su deseo de apren­der, su sed de hacer crecer la fe reci­bida, pare­cen niños.

El encuen­tro empieza con la lec­tura de una homi­lía o de un texto del autor citado. Luego cada uno puede com­par­tir como lo vive a partir de su expe­rien­cia: hacer pre­gun­tas, decir sus dudas, com­par­tir lo que enten­die­ron. Este tiempo per­mite a cada uno ver cómo Dios está pre­sente en sus vidas a pesar de que a veces su ausen­cia se hace sentir.
Un momento impor­tante es el tiempo de ora­ción en nues­tra pequeña capi­lla delante del San­tí­simo Sacra­mento. Cada vez, estoy mara­vi­llada por la ora­ción que sale de sus cora­zo­nes que a veces es un grito y otras una acción de gracia.

Hace ahora 4 años que cami­nan juntos y una ver­da­dera amis­tad ha nacido. Lo lindo es ver cómo cada quien se preo­cupa por dar a cono­cer el grupo a sus amigos. No guar­dan este tesoro para ellos pero lo com­par­ten a quien está solo, a quien lo nece­sita.
Este lugar es tam­bién un lugar donde cada uno puede dejar su cruz, puede tomar fuer­zas nuevas, ir a la Fuente para seguir su camino que a veces es difí­cil. Y a veces, el Mila­gro se hace rea­li­dad. Somos tes­ti­gos ya del poder de Jesús Resu­ci­tado. Dios res­ponde a nues­tros ora­cio­nes. Cristo se mani­fiesta en la vida de mis amigos !

Des­pués de la ora­ción, no pode­mos ter­mi­nar sin la merienda que dura a veces hasta muy tarde, cada quien deseando que­darse el mayor tiempo posi­ble en nues­tra casa.
Les dejo con esta bella ora­ción de Mau­rice Zundel que habla muy bien de lo que que­re­mos vivir a través de nues­tro gru­pito: « Señor, ayú­dame a ser un hombre y a hacer de mi vida un espa­cio infi­nito donde el mundo entero pueda ser aco­gido, donde cada crea­tura se sienta enno­ble­cida en su dig­ni­dad y donde Tu pre­sen­cia se res­pira »

Hna. María-Magdalena

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